Tuesday, July 20, 2010

A Falta de Título


Una vez que mi obsesión por LOST se desvaneció al finalizar su última temporada (Me gustó mucho el final, por si acaso se lo preguntan), he decido retomar dos de mis pasiones olvidadas: leer y escribir. Aunque LOST era trasmitido una vez por semana, las teorías, los foros, las entrevistas, y todo aquello que tuviera que ver con la misteriosa Isla y sus náufragos ocupaba gran parte de mi tiempo, así que me olvidé de los libros y de las pendejadas que solía escribir.

Con la lectura no tengo ningún problema, en mi casa hay muchos libros apilados que aún no he leído, y esto debido a que cada vez que llega septiembre, los libros son el regalo de cumpleaños predominante; espero que pronto los pueda leer desde iBooks mediante un iPad, en vez desde la manera tradicional que me hace estornudar por el tiempo que llevan acumulando polvo.

Continúo, he comenzado con “Dracula” de Bram Stoker, para luego pasar a “Por Quién Doblan las Campanas” de Ernest Hemingway (cortesía de mi amigo @Aapont3), y seguidamente “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”, que a pesar de que ya lo leí hace algún tiempo, siempre leo nuevamente el libro de Harry Potter correspondiente a la película de turno, por eso de que hay cosas que se olvidan, y además les confieso que soy uno de esos pesados que en el cine dicen en voz un tanto alta: “Así no pasó en el libro”.

El problema viene con la escritura, y la razón es que los temas para mí no son abundantes, ya que no soy crítico de cine, ni tampoco de música por aquello de que lo que me gusta es bueno y lo que no es malo. No hablo de tecnología (al menos que plagie la información), no doy consejos porque soy un desastre de gente, no cuento historias porque no suelen sucederme cosas interesantes, en fin, soy como el sitcom Seinfield, no trato de nada. 

He escrito tres novelas no publicadas, la primera de ellas se llama: “No me pidan que sonría”, la segunda “Los santos bastardos” (vaya nombre), y la tercera (inconclusa), la he llamado “Malos pensamientos”. ¿Qué si son buenas? No lo sé, la indulgencia de mis amigos dice que sí. ¿Qué si alguna vez las verán en las librerías? No lo sé, el tiempo lo dirá, realmente no pienso mucho en ello; simplemente escribo porque me gusta hacerlo, y porque no sé jugar al fútbol, ni tampoco sé tocar ningún instrumento musical. Con esto no quiero decir que sea un buen escritor, repito, sólo disfruto hacerlo.

Solía escribir sobre gente triste, de hecho, todos los protagonistas de mis historias lo están, y no sé por qué, tal vez se deba a que generalmente cuando escribo escucho R.E.M. o The Cure, o quizás se deba a que cuando escribo he estado triste, aunque no me considero una persona así, sólo un poco melancólico. 

Ahora vayamos a la parte de las redes sociales. Cuando descubrí Facebook lo vi más como una herramienta para expresar mis ideas, que una para buscar amigos perdidos o mostrarle al mundo que fui a París (no he ido). Se convirtió en mi hoja de papel en la web donde diariamente la gente me leería, para luego reírse o indignarse, pero el gigante social se puteó y germinaron las más grandes banalidades (realmente quise decir estupideces) que el ser humano albergaba en su mente. Ya no eran simplemente los amigos encontrados que ni recordabas que existían, ni las infames fotos vacacionales que nos exprimieron el bolsillo, ahora había de todo: desde chupetas de tamarindo digitales hasta granjas ficticias pero como el mismo entusiasmo por acabar con el hambre mundial. Se volvió una frivolidad adolescente donde los adultos también disfrutan, así que poco a poco mi desdén hacia Facebook me hizo buscar otros horizontes. Fue así como descubrí el año pasado Twitter, y todo gracias a un hijo de puta crítico de cine que fue a la primera persona que seguí pero que eventualmente me bloqueó (otro día hablo de eso).



En algún punto entre las líneas que acaban de leer llegaba la parte donde hice mi blog, sin embargo escribo a los coñazos y lo dejé para el final, ya que toda la paja anterior era para decirles que a partir de hoy, amigos 2.0, escribiré regularmente en mi blog (al menos una vez por semana), ya que de los 6.9 billones de humanos que habitan en la Tierra, al menos a 17 les debe gustar lo que escribo.

Nos vemos pronto.